
📰 Cuestionario para reportaje de Mercado Previsor (Grupo Aseguranza).
Según datos del ICM -Índice de Confianza de la Mediación- del mes de enero, el 51,6% de las corredurías ya han implementado algún tipo de IA. ¿En qué punto se encuentran las corredurías a la hora de adoptar soluciones de inteligencia artificial?
Creo que estamos en una fase inicial de adopción, pero ya no en una fase teórica. La IA ha entrado en la órbita de muchas corredurías y también en algunas prácticas concretas de trabajo. Ahora bien, conviene matizar algo importante, una cosa es haber probado herramientas de IA o utilizarlas de forma puntual, y otra muy distinta haberlas integrado de verdad en los procesos de negocio.
Por eso diría que el sector está en un punto intermedio. Hay interés real, primeras implantaciones y una mayor conciencia de que esta tecnología puede aportar valor, pero aún queda recorrido para convertir ese interés en productividad estable, mejor servicio y ventaja competitiva tangible.
¿Veis buena predisposición en las corredurías para avanzar hacia el uso de IA?
Sí, en términos generales sí la vemos. La predisposición es buena porque las corredurías perciben con claridad tres presiones muy concretas como son necesidad de ganar eficiencia, necesidad de reducir carga operativa y necesidad de responder mejor a un cliente cada vez más digital y más exigente.
Otra cuestión es que esa predisposición no siempre se traduce con la misma velocidad en decisiones e implantaciones. Ahí influyen factores como el tamaño, la cultura de gestión, la calidad del dato disponible o el grado de madurez tecnológica previo. Pero, como actitud, sí creo que hoy existe una apertura claramente mayor y creciente.
¿Consideras que las corredurías españolas, especialmente las medianas y pequeñas, están preparadas para este salto tecnológico? ¿Por qué?
Están preparadas de manera desigual. No lo reduciría a una cuestión de tamaño, sino de estructura, orden y criterio. Una correduría mediana o pequeña puede avanzar bien con IA si tiene tres bases mínimas: procesos razonablemente organizados, información de calidad y una idea clara de para qué usarla.
Aquí hay una cuestión esencial. La IA solo ofrece resultados consistentes cuando trabaja sobre información bien estructurada. En nuestro caso, ese ha sido un criterio de fondo desde los orígenes de ebroker. Apostamos por organizar la información de los corredores en los sistemas de datos de ebroker de una manera ordenada, consistente y estructurada. Esa decisión, que en su día respondía a una lógica de buena gestión, hoy nos permite trabajar sobre datos con calidad y aportar una base mucho más sólida para los análisis y procesos apoyados en IA.
El problema aparece cuando se pretende incorporar IA sobre una realidad desordenada. Si el dato está mal, si los procesos no están claros o si no existe disciplina operativa, la tecnología no corrige eso por sí sola. Puede incluso amplificar ineficiencias. Por tanto, sí pueden dar el salto, pero han de hacerlo con realismo y empezando por lo útil, no por lo vistoso. Ahí está la clave.
¿Qué procesos concretos están empezado a automatizar o mejorar con IA (suscripción, atención al cliente, siniestros, análisis de datos…)? ¿Por qué?
Lo que más sentido tiene hoy, y donde ya se empieza a ver utilidad real, está sobre todo en cuatro ámbitos.
Primero, tareas administrativas y repetitivas: clasificación de correos, apoyo en redacción, resumen de documentos, extracción de información y asistencia a los equipos en consultas operativas. Ahí la IA libera tiempo y reduce fricción.
Segundo, tratamiento de la información y análisis de cartera. Detección de patrones, apoyo a segmentación, identificación de oportunidades comerciales, revisión de renovaciones o variaciones relevantes en cartera. El dato útil sigue siendo el cimiento.
Tercero, atención al cliente en capas básicas. Respuestas iniciales, encaminamiento de solicitudes, apoyo a la gestión multicanal y mejora de tiempos de respuesta. No para sustituir la relación profesional, sino para hacerla más ágil.
Y cuarto, apoyo a decisiones internas. Cuadros de mando más inteligentes, búsquedas asistidas de conocimiento y mejor explotación de la información del negocio. En definitiva, se está aplicando sobre todo donde mejora productividad, capacidad de respuesta y calidad del servicio.
¿Cuáles han sido las principales dificultades en la implantación de estas tecnologías en las corredurías con las que os habéis encontrado?
La primera dificultad suele ser el dato. Sin dato bien estructurado, actualizado y gobernado, la IA pierde mucha eficacia.
La segunda es confundir herramienta con estrategia. Hay corredurías que empiezan a probar soluciones sin haber definido antes qué problema quieren resolver, qué proceso quieren mejorar o qué retorno esperan obtener.
La tercera tiene que ver con personas y cultura. Toda implantación exige formación, adaptación de hábitos y liderazgo interno.
Y hay una cuarta cuestión que considero especialmente relevante: la seguridad y la confidencialidad. Cuando hablamos de IA aplicada a entornos profesionales, y más aún cuando hay información sensible de clientes y operaciones, no vale cualquier aproximación. En nuestro caso, todas las operaciones con IA están sujetas a estrictas medidas de seguridad y confidencialidad por parte de los proveedores de modelos, y a la regulación aplicable en los distintos ámbitos de control, muy especialmente en materia de protección de datos. Además, contamos con una auditoría independiente en RGPD y con certificación ISO27001 en seguridad de la información. Creo que ese enfoque riguroso marca una diferencia importante frente a otras opciones del mercado.
¿Qué tipo de corredurías están liderando la adopción de IA: grandes estructuras, redes o despachos independientes?
Las grandes estructuras tienen más capacidad de inversión y, por tanto, suelen ir por delante en proyectos más ambiciosos. Eso es lógico.
Pero no diría que el liderazgo sea solo suyo. También están avanzando con bastante sentido corredurías medianas bien dirigidas, y organizaciones en red o comunidades profesionales que comparten visión, método y soporte tecnológico común. Ahí se da una combinación interesante de cercanía al cliente y capacidad de ejecución.
Los corredores independientes también pueden avanzar, pero normalmente lo hacen mejor cuando focalizan mucho el caso de uso y no intentan abarcar demasiado desde el principio.
Desde vuestra experiencia, ¿cuáles son los errores o frenos más habituales que encuentran las corredurías al implementar estas soluciones?
El primer error es perseguir la moda. Innovar no consiste en incorporar IA porque toca, sino en usarla donde aporte utilidad real.
El segundo es querer empezar por casos complejos, cuando lo razonable es comenzar por procesos sencillos, repetitivos y medibles.
El tercero es no revisar antes la calidad del dato y la lógica de los procesos.
Y el cuarto, quizá el más delicado, es confundir velocidad con precipitación. Conviene distinguir entre ir rápido y hacerlo de forma excesivamente veloz. En un entorno como el asegurador, avanzar con agilidad es positivo; precipitarse sin control sobre el dato, la seguridad, la supervisión o el marco regulatorio no lo es. La IA puede asistir, acelerar, sugerir o detectar, pero en mediación el valor sigue estando en la interpretación, el asesoramiento, la confianza y la responsabilidad profesional.
Sin buen dato no hay automatización fiable ni IA realmente útil.
Si una correduría quiere empezar hoy, ¿en qué tres áreas debería priorizar la inversión en inteligencia artificial para obtener impacto real?
Yo priorizaría tres.
La primera, calidad y explotación del dato. Sin buen dato no hay automatización fiable ni IA realmente útil.
La segunda, automatización de tareas de bajo valor añadido administrativo. Es donde antes se gana tiempo y se libera capacidad del equipo.
Y la tercera, inteligencia aplicada al cliente y a la cartera: apoyo comercial, segmentación, detección de oportunidades, anticipación y mejora de la experiencia de servicio.
Ese orden me parece importante. Primero cimiento, después eficiencia, y luego crecimiento y relación con el cliente.
¿Qué consejos le darías a una correduría que quiere empezar a utilizar IA?
Le diría cinco cosas.
Que empiece por un problema real, no por una tecnología.
Que elija un caso de uso concreto, medible y de rápida implantación.
Que revise antes el estado de sus datos y procesos.
Que tenga mucho cuidado quién maneja sus datos, a qué proveedores de IA se entregan y que garantías de seguridad ofrecen.
Añadiría una más: que avance con decisión, pero sin precipitación. En IA no siempre gana quien corre más. Suele hacerlo quien combina mejor criterio, calidad del dato, seguridad y utilidad práctica.
Nuestro papel es acompañarlas para que la tecnología tenga sentido dentro del negocio real de la correduría. Eso exige conocimiento sectorial, no solo conocimiento tecnológico.
¿Cómo ayudáis a las corredurías desde vuestra empresa en estos procesos?
Nuestro papel es acompañarlas para que la tecnología tenga sentido dentro del negocio real de la correduría. Eso exige conocimiento sectorial, no solo conocimiento tecnológico.
Les ayudamos desde una base que consideramos esencial: gestión del sistema de información, conectividad con el mercado, automatización de procesos, analítica de datos y evolución funcional pensada para el trabajo diario del corredor. Y, sobre esa base, vamos incorporando capacidades de IA con un criterio práctico: transformar información en conocimiento, reducir carga operativa y mejorar la capacidad de decisión y servicio.
Aquí hay dos cuestiones que nos parecen claramente diferenciales. La primera es la calidad del dato. Desde nuestros orígenes hemos puesto el foco en que la información de los corredores esté estructurada y ordenada dentro de sus sistemas de información, y eso hoy nos permite aportar a los análisis de IA una base mucho más fiable y útil.
La segunda es la seguridad. Todas las operaciones que desarrollamos con IA están sujetas a exigencias estrictas de confidencialidad, seguridad y cumplimiento regulatorio, particularmente en materia de protección de datos. Además, contamos con certificaciones independientes en ese ámbito, lo que refuerza una forma de trabajar seria y responsable. No se trata solo de incorporar IA, sino de hacerlo bien.
De cara al futuro: ¿Crees que una correduría podrá sobrevivir al margen de esta tecnología?
A corto plazo, alguna sí podrá resistir si tiene una cartera muy fidelizada, un nicho muy definido o una operativa muy estable. Pero a medio plazo creo que será muy difícil competir al margen de estas capacidades.
No porque la IA vaya a sustituir al corredor, sino porque el mercado va a exigir más eficiencia, más capacidad de respuesta, mejor uso de la información y una experiencia más ágil para el cliente. El futuro no se va a decidir entre tecnología o personas. Se va a decidir por la capacidad de unir ambas con criterio.
La correduría que permanezca completamente al margen no desaparecerá por la tecnología en sí misma; lo hará porque otros serán más eficientes, más útiles y más valiosos para el cliente. Y ahí está, de verdad, la cuestión.
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